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viernes, 1 de julio de 2011

(L)

Se hace el silencio que da paso a la tensión. Y al deseo…
-Mira que eres fea… - Le dice él con una sonrisa.

Ella lo mira sonriente.

-No lo piensas… - Dice ella pícara.
- F-E-A… -Dice él pronunciándolo mejor muy cerca de su boca.

Ella respira, y él la besa presionando fuerte y a la vez dulce sus labios. El viento que sopla ligero entra por la ventana y apaga la única vela encendida. Se hace la oscuridad.

Los primeros segundos son silenciosos, pero después, la respiración de ambos es más fuerte. Ella intenta tragar saliva haciendo el más mínimo ruido. Él intenta disimular su nerviosismo. Algo les pasa, están inquietos. Al principio les mueve la duda, una sensación extraña, un mariposeo del color del arco iris recorre todo su cuerpo. De pronto, la sensación más intensa de su vida, se apodera de ella. De pronto, siente necesidad de soltar aquello que ha tenido ganas de decirle desde hace tanto tiempo y que nunca se había atrevido a confesar. Ni a él y tal vez, ni siquiera a ella misma.

-    ¿Lo sientes? – Dice ella muerta de miedo sin poder aguantar.

Él intenta distinguirla en mitad de la penumbra. Sonríe mientras cierra los ojos para contestar.

-    Claro que sí…

- ¿En serio?

Hablan en código sabiendo perfectamente a lo que se refieren.

- Sí, de verdad…
- Pues yo… estoy muerta de miedo… -Le susurra a dos centímetros de sus labios.
-Si tienes miedo… HÁZLO, enfréntate a ello.
- No puedo…- Contesta ella temerosa.
- Dímelo si así lo sientes… - Insiste él – Dos palabras, ocho letras…

Ella respira profundo. No se ve capaz, pero es un querer evitarlo y no poder. Algo al empuja, no soporta ocultarlo más, no soporta mirarlo y no poder decírselo. Entonces, se acerca a él, y apretando fuerte los ojos, sin tiempo de llegar a arrepentirse…

- Te quiero.
 Sale de su boca como una canción dulce que se adueña de toda la habitación y que recorre sus cuerpos. Él cierra los ojos. Y sin pensarlo la aprieta fuerte, muy fuerte contra él. La besa con todo el cariño y dulzura del mundo. Y él derrama una lágrima que resbala por su cara hasta caer en los labios de ella. Agarra su cara con firmeza y suavidad y al besa. Lentamente, con besos más cortos desciende por su barbilla, hasta posarse en su cuello. Y lo besa, una y otra vez perdiendo el control, olvidando todo: la noción del tiempo, su ser, su mundo… Sólo están ellos dos ahora. Ella se deja llevar, lo agarra del cuello, agarra su pelo, respira fuerte, hondo.
Se compaginan a la perfección, como si fueran uno solo.

- Quiero besarte lento… y desgastarte los labios… -Dice él con voz entrecortada y viva – que hundas las yemas de tus dedos en cada pliegue de mi cuerpo y me inundes con tu olor… - Ella lo besa fuerte – quiero que me susurres, que tengas tantas ganas de esto como yo y que me dejes sin aliento en cada beso. Que nuestra pasión, empañe todos los cristales de esta habitación, o del coche, o del bar… ¡Diablos, que más da! No me importa donde, ni cómo, ni tampoco cuando; si tus besos son el cometido final… agárrame fuerte por unas horas… yo no te pienso dejar escapar… TE QUIERO

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